España
España era un extraño mago sin uniforme. Sin conejo. Sin galera. Tenía rasgos araucanos pero éste aseguraba haber nacido en un pueblado cercano a Madrid. Jugaba con dados, monedas, pero su fuerte eran las barajas. Sus números eran de lo mejor: se paraba, bailaba, gesticulaba exageradamente, se sentaba, y te sacaba el rey de bastos de los sobacos. Luego se lo tragaba, acomodaba sus grandes gafas de aumento, y de un soplido inesperado lo aparecía desde dentro de un vaso vacío. Imponía a sus presentaciones de callejuelas o de cantinas un ritmo vertiginoso, y no sólo porque hablaba a una velocidad insuperable y, a pesar de que nada le entendíamos sus magias hablaban por sí solas, sino porque también utilizaba en sus rutinas elementos que sacaba de su pequeña cartera boliviana: linternas que hacían de parabólicas, bolígrafos con aires de transmisores telepáticos, o por nombrar encendedores larga vistas... Una noche, en una cantina de la Avenida Universitaria, a pocos metros del mercado de Potosí, su cartera y todos sus instrumentos desaparecieron. No pudo hacer aparecerlas y desde ese instante ya no volví a ver al mago España. Tan sólo me encontré con un español malhumorado al que perder en cada esquina.
Alemania
Alemania reía y no paraba de reír. Decía que cómo se creía que los alemanes eran fríos reía para cambiar esa impresión “errónea” de sus coterráneos. Si decías yerba ella se revolcaba a carcajadas. Decías azúcar y ella se tentaba hasta teñir de rosado su piel blanca y rechoncha. Reía de todo y por todo. Un día, apareció el mago España y Alemania, poco a poco, fue olvidando su risa en cada esquina de Potosí hasta que de pronto se quedó sin ella. Pasaron así las siguientes horas, los siguientes días: con Alemania entristecida y con España haciendo magias veloces. Todos estaban muy felices con los números del mago y nadie se detuvo a observar que aquella rubia, blanca y regordeta ya no reía… En una cantina de comidas regionales, a pocos metros del mercado de Potosí fue que al mago le desapareció su cartera y no pudo aparecerla. Ocurrió cuando el mago España dejó de ser tal para volverse un español malhumorado. Ese fue el día en que Alemania recuperó la risa.
Potosí, Bolivia, 2006