Olfatear, tantear, saborear, mirar, escuchar, es estar atento a algo que no es inmediatamente accesible.
Escuchar es estar a la escucha de algo que está siempre al borde de acontecer. Requiere atención sin curiosidad ni ansiedad.
Oír es entender el sentido, abandonar el borde.
A la escucha, el cuerpo entra en un espacio que entra dentro del cuerpo, el cuerpo está dentro y fuera del cuerpo, está descentrado; queda expuesto al sonido que resuena en el silencio y comienza a resonar - como cuando en una perfecta condición de silencio uno oye resonar su propio cuerpo, su propio aliento, su propio corazón y toda su caverna resonante - cuerpo vacío. lata de resonacia -
Lo sonoro existe cómo la ola existe en la marea, con una presencia que se sostiene en el ir y venir - lo sonoro desborda la forma. No lo desforma pero la extiende; le da una amplitud, una densidad, y una vibración o una ondulación cuyo contorno nunca hace nada sino aproximarse - El timbre es el primer correlato a la escucha... la escucha se abre en el timbre... el timbre es la resonancia del sonido: o el sonido mismo -
El timbre de la voz no se deja medir, carece de sentido pero es lo primero que se escucha si se está a la escucha. El timbre es la materia prima de la voz. Una materia que padece paciente-impaciente el producto final: la palabra articulada.
- Mmmmmmmmmmmmmmmmmmm continúa: repite su murmurar, la boca cerrada, ni siquiera Om, la sílaba sagrada que abre la joya en el lotus de la meditación que se vacía a sí misma de sí misma... Mmmmmmmmmmmmmmmmmm resuena previo a la voz, dentro de la garganta, apenas rozando los labios desde atrás de la boca, sin movimiento alguno de la lengua, sólo una columna de aire empujada desde el pecho en la cavidad sonora, la caverna de la boca que no habla -
En la garganta hay un murmullo, un gorgoteo, que acompaña a la voz desde antes de poder hablar hasta después de no poder ya hablar.
fuente: nudos del lenguaje. juan C. Gorlier sobre Jean-Luc Nancy.